Algunas reflexiones sobre la práctica profesional

Algunas reflexiones sobre la práctica profesional

■ EDITORIAL Algunas reflexiones sobre la práctica profesional COMO TODOS SABEMOS, el envejecimiento de la población en los países industrializados es...

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■ EDITORIAL

Algunas reflexiones sobre la práctica profesional COMO TODOS SABEMOS, el envejecimiento de la población en los países industrializados es un hecho que, junto con los avances sanitarios y tecnológicos, va a producir grandes cambios sociales. La propia familia también está cambiando ya que se está produciendo un fenómeno intergeneracional muy interesante al coexistir en una familia más de 4 generaciones. En la actualidad, la mayoría de los padres e hijos comparten ciertos aspectos de su vida durante más de 50 años y los abuelos están en contacto con sus nietos durante 20 años o más. En consecuencia, las relaciones intergeneracionales son de una gran complejidad. Las familias modernas ya no son una entidad monolítica. Una de las tendencias es la monoparentalidad y la reconstitución, variables que afectan la capacidad de apoyo a los ancianos. Numerosos autores profesionales de enfermería han escrito sobre estos temas para describir las aportaciones esenciales que realiza el profesional de enfermería en el cuidado de la persona anciana y su familia. Uno de estos autores, F. Ducharme, resalta que para afrontar los retos futuros que supone el envejecimiento de la población y los cambios en el modelo familiar se hace necesario reforzar las relaciones intergeneracionales sobre la base de los valores compartidos. En uno de sus escritos menciona que se verá el desarrollo de la solidaridad en el interior de la propia familia, pero también se crearán lazos de proximidad o de solidaridad comunitaria cuando la familia no pueda proporcionar el soporte suficiente a los ancianos. Otro aspecto a tener en cuenta es que, a medida que las personas ancianas tengan un nivel de formación mayor, su nivel de participación será más importante cuando se hayan de tomar decisiones que les conciernan. Por otra parte, será necesario revisar tanto los llamados cuidados informales que puede proporcionar un miembro de la familia u otra persona, como los profesionalizados que incluyen la atención enfermera en todas sus vertientes de integralidad e individualidad. Dentro de este marco de desarrollo futuro en que la vejez va a ser uno de los protagonistas principales de nuestra sociedad, los cuidadores informales son una pieza clave, ya que atienden a las personas dependientes en su propio domicilio. Estos cuidadores que no pertenecen a ninguna institución sanitaria o social son los que realizan los cuidados que precisa la persona que carece de autonomía para realizar las actividades de la vida diaria. De ahí la importancia de que dichos cuidadores tengan un determinado nivel de formación y todo el soporte por parte de los componentes del equipo de salud, pero muy especialmente de los profesionales de enfermería. El profesional de enfermería cuyo ámbito de actuación es la atención primaria de salud es el que puede conocer, a través de sus actividades de atención domiciliaria, el nivel de preparación y formación que precisa el cuidador informal. Diferentes autores profesionales de enfermería consideran que un cuidador informal debería tener: • Conocimientos sobre el enfoque social de la enfermedad. • Habilidad en los procedimientos básicos de higiene, cambios posturales, alimentación. • Capacidad de observación (modificaciones corporales, orgánicas, conductuales) y de notificación al equipo de salud. • Habilidades para afrontar los retos que supone el cuidado de la persona dependiente. • Desarrollo de habilidades interpersonales de respeto a la persona cuidada y su familia. • Capacidad para buscar soporte y recursos tanto para la persona cuidada como para él mismo. En consecuencia, una de las funciones del profesional de enfermería en su actividad de atención domiciliaria es conocer el nivel educativo del cuidador informal e informarle de dónde puede adquirir formación si es preciso y proporcionarle todo el soporte necesario. Y también, naturalmente, informarle de a quién tiene que avisar si el estado del paciente muestra algún cambio significativo. Tal como decíamos al principio, nuestra sociedad cambia y con ella las competencias del profesional de enfermería, que tienen tendencia a incrementarse. Pero, para que este cambio sea positivo, debemos contar con la ayuda de otros cuidadores, y en este caso los informales son esenciales en una sociedad que avanza y que también envejece debido a una mejor calidad de vida y del propio sistema sanitario y social.