Artritis por Candida tropicalis en un paciente infectado por el virus de la inmunodeficiencia humana

Artritis por Candida tropicalis en un paciente infectado por el virus de la inmunodeficiencia humana

CARTAS AL EDITOR hipertensión arterial eran 160/95 mm Hg, ahora 140/90 mm Hg, etc. Por ello no sería de extrañar que en otra futura edición del Dicci...

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CARTAS AL EDITOR

hipertensión arterial eran 160/95 mm Hg, ahora 140/90 mm Hg, etc. Por ello no sería de extrañar que en otra futura edición del Diccionario nuestros académicos se decantaran por mmHg (por los dos no debería ser, ya que nos estamos refiriendo a un símbolo de una unidad de medida, aunque todavía tenemos la excepción del litro y sus símbolos «l» y «L»); tenemos ejemplos: «kiwi», «quivi» o «kivi», las tres palabras son ahora correctas tanto si hablamos de la fruta como del ave; en la edición anterior de Diccionario, «kivi» y «kiwi» eran un ave, y para la fruta había «quivi» y «kiwi»; a pesar de que la inclusión de novedades obliga a sopesar las decisiones, evitando incluir términos o acepciones que pueden ser efímeros. Cuando el problema es de tratamiento de la diabetes, acudimos a los últimos consensos y guías sobre diabetes; si es de hipertensión, acudimos a los últimos consensos y guías sobre hipertensión; si el problema es de materia léxica, no nos queda más remedio que acudir a quien tiene reconocida autoridad en dicha materia: la Real Academia Española y su Diccionario de la lengua española. Eugenio Sobrino Sorinasa, Carlos Montañés Rustulletb, Rafael Ramos Alexiadesb y José Manuel Valverde Rubioc a

Centro de Salud Arquitecte Bennàzar. bCentro de Salud Rafal Nou. Palma de Mallorca. cCentro de Salud Muntanya. Marratxí. Mallorca. España.

1. Sobrino E, Montañés C, Ramos R, Valverde JM. «mm Hg» en vez de «mmHg» Med Clin (Barc) 2002;119:239. 2. Real Academia Española. Diccionario de la lengua española. 22a ed. Madrid: Espasa Calpe S.A., 2001; preámbulo. 3. Real Academia Española. Diccionario de la lengua española. 22a ed. Madrid: Espasa Calpe S.A., 2001; p. 1506. 4. Real Decreto 1317/1989, de 27 octubre, que establece las Unidades Legales de Medida. BOE de 3 de noviembre de 1989. 5. Real Decreto 1737/1997, de 20 de noviembre, por el que se modifica el Real Decreto 1317/1989, de 27 de octubre, por el que se establecen las unidades legales de medida. BOE de 3 de diciembre de 1997. 6. Real Academia Española. Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa Calpe S.A., 1999; p. 97.

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Artritis por Candida tropicalis en un paciente infectado por el virus de la inmunodeficiencia humana Sr. Editor: La artritis infecciosa es una de las manifestaciones osteoarticulares más frecuentes en enfermos con la infección por el virus de la inmunodeficencia humana (VIH). El microorganismo más frecuente es Staphylococcus aureus1. A continuación presentamos el caso de un paciente con infección por el VIH con artritis por Candida tropicalis. Se trata de un varón de 38 años de edad, ex adicto a drogas por vía parenteral, positivo para los virus de la hepatitis B y C, con infección por el VIH de 15 años de evolución, categoría C3, que presenta recuento de linfocitos CD4 inferior a 100 × 106/l desde hacía al me-

nos 5 años y carga viral mayor de 1.000.000 copias/ml; tuberculosis ganglionar hacía 6 años y retinitis por citomegalovirus hacía 1 año. El último tratamiento que se le prescribió, con amprenavir, ritonavir, lamivudina y estavudina, lo suspendió por intolerancia gastrointestinal, y abandonó la profilaxis secundaria para citomegalovirus por insuficiencia renal aguda. Era portador de un catéter con reservorio cutáneo para medicación. Consultó por fiebre en otro centro donde se le retiró el catéter, en el que se aisló Staphylococcus epidermidis. Se realizó una biopsia de médula ósea que evidenció granulomas necrosantes y se inició tratamiento antituberculoso. El paciente presentó deterioro del nivel de conciencia realizándose una tomografía computarizada (TC) craneal y punción lumbar, que fueron normales. Se trasladó a nuestro centro. En el momento del ingreso estaba afebril, caquéctico, consciente pero desorientado y con ictericia cutaneomucosa. La auscultación cardiorrespiratoria fue normal, y en el abdomen se palpaba hepatosplenomegalia sin semiología de ascitis. No se palparon adenopatías. La radiografía tórax fue normal; la TC toracoabdominal evidenció esplenomegalia homogénea sin otras alteraciones; la resonancia magnética (RM) cerebral y el ecocardiograma fueron normales. Las pruebas de laboratorio objetivaron: leucocitos, 2,4 × 109/l; hemoglobina, 100 gr/l, y plaquetas 30 × 109/l. En la bioquímica destacaban GOT de 172 U/l y creatinina de 3,3 mg/dl; equilibrio venoso, pH de 7,10 y bicarbonatos de 10 mmol/l. Los hemocultivos para bacterias, micobacterias y hongos fueron negativos, así como el coprocultivo. El aspirado de médula osea no evidenció parásitos ni micobacterias. La cifra de linfocitos CD4 fue de 5 × 106/l. Se mantuvieron el tratamiento antituberculoso y la hidratación intravenosa, y el paciente presentó una mejoría inicial. Diez días después del ingreso presentó dolor y tumefacción en la rodilla derecha. Se realizó artrocentesis que dio salida a líquido inflamatorio de aspecto turbio; glucosa 100 mg/dl, proteínas 36 g/l, 13 × 109 leucocitos/l y con cultivo positivo, en dos ocasiones, para C. tropicalis. El estudio del líquido articular en el microscopio de luz polarizada no evidenció cristales. Se iniciaron lavados de la articulación y tratamiento con 400 mg/día de fluconazol intravenoso, con mejoría de los signos inflamatorios pero persistencia de C. tropicalis en los cultivos del líquido articular. Los hemocultivos y urinocultivos fueron negativos. No se consiguió aislar el hongo en otras localizaciones. Se intentó reintroducir el tratamiento antirretroviral, y el paciente presentó insuficiencia hepática con encefalopatía hepática y descompensación ascítico-edematosa. Dada la mala evolución, se decidió el traslado a su domicilio.

Las manifestaciones osteoarticulares son poco frecuentes en enfermos con infección por el VIH2; la incidencia estimada oscila entre el 0,3 y el 3%1,3. La artritis infecciosa es una de las manifestaciones más frecuentes, especialmente en enfermos adictos a drogas por vía parenteral2. Entre los microorganismos causantes se encuentra en primer lugar S. aureus (3060%), seguido de las micobacterias atípicas (16%), Candida albicans (10-20%) y Salmonella (10%)1,4. Característicamente se presenta en forma de monoartritis y afecta a varones jóvenes4. La artritis infecciosa candidiásica es poco frecuente tanto en enfermos immunocompetentes como inmunodeprimidos5. En la mayor parte de los casos la artritis por este microorganismo es secundaria a una infección hematógena o aparece en el postoperatorio o después de un traumatismo directo en la articulación6. En el curso de la infección por el VIH la artritis fúngica se describe en pacientes muy inmunodeprimidos (< 100 CD4/µl) y presenta las mismas características que en otros enfermos inmunocomprometidos5. Los microrganismos más frecuentes son Candida albicans, Sporotrhix schenckii7 y Candida krusei5.

Se han identificado factores asociados a candidemia en pacientes infectados por el VIH, a saber: tratamientos antifúngicos previos5,8,9, adquisición intrahospitalaria, sida avanzado5,9, nutrición parenteral, neutropenia, complejo demencia-sida y el uso de catéteres venosos centrales, único factor de riesgo independiente8. Tumbaerllo et al8 describen asimismo como más frecuente C. albicans (48%), seguida de C. tropicalis (19%) y Candida galabrata (11%). El tratamiento de la artritis fúngica por levaduras diferentes de C. albicans es controvertido, dado que el amplio uso del fluconazol ha creado resistencias a este fármaco. En algunos artículos se describe como fármaco de primera elección la anfotericina B5,9, pero también se han utilizado con éxito fluconazol y itraconazol5,9,10. En el paciente descrito, la inmunodepresión era grave; además era portador de un catéter con reservorio cutáneo y el recuento de linfocitos CD4 era inferior a 5 × 106/l. Probablemente presentó una infección diseminada por C. tropicalis, no objetivada, de la cual la única manifestación fue la artritis fúngica candidiásica. El paciente presentó una respuesta clínica aceptable al fluconazol, pero sin llegar a la negativización de los cultivos, dado que su seguimiento se perdió por traslado a otro centro. Helena Guardiolaa, Cristina Turala, Montse Giménezb y Alejandro Olivéc a

Servicios de Medicina Interna. Hospital Universitari Germans Trias i Pujol. Badalona. cServicio de Reumatología. Servicio de Microbiología. Hospital Universitari Germans Trias i Pujol. Badalona. Barcelona. España.

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Med Clin (Barc) 2003;120(5):197-9

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