Metástasis erisipeloide de adenocarcinoma endometrial

Metástasis erisipeloide de adenocarcinoma endometrial

242.641 CASO CLÍNICO Metástasis erisipeloide de adenocarcinoma endometrial Aquilina Ramírez-Santos, Javier Concheiro-Cao, Manuel Loureiro-Martínez, ...

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CASO CLÍNICO

Metástasis erisipeloide de adenocarcinoma endometrial Aquilina Ramírez-Santos, Javier Concheiro-Cao, Manuel Loureiro-Martínez, Carmen Peteiro y Jaime Toribio Departamento de Dermatología. Complejo Hospitalario Universitario. Facultad de Medicina. Santiago de Compostela. A Coruña. España.

La diseminación cutánea de neoplasias internas se ha descrito con frecuencias variables en distintos tumores. En varones, los carcinomas broncogénicos, de colon y de cavidad oral tienen mayor tendencia a metastatizar en la piel, mientras que en mujeres son los de mama y ovario1,2; estos últimos son los que originan la mayoría de las metástasis cutáneas abdominales en el sexo femenino3. El adenocarcinoma de endometrio es la segunda neoplasia ginecológica mas frecuente en las mujeres posmenopáusicas en Europa occidental, después de la de mama; sin embargo, las metástasis cutáneas son menos del 1%4,5 y se presentan casi siempre como lesiones nodulares únicas o múltiples1,6. Otras formas más raras de metástasis cutáneas uterinas son la erisipeloide, la telangiectásica y la esclerodermoide7,8. La mayor parte de ellas se localizan en el abdomen, próximas anatómicamente al tumor primario, aunque también se han descrito en zonas distantes como en el cuero cabelludo9, el talón10 y las extremidades4. CASO CLÍNICO

Figura 1. Placa eritematosa, caliente, de bordes serpiginosos, con linfangiectasias en el límite inferior. Se aprecia una cicatriz de laparotomía de aspecto normal. ginosos y con linfangiectasias en el borde inferior (fig. 1). En la zona central de la lesión se veía una cicatriz de laparotomía con buen aspecto. Se palpaban adenopatías inguinales bilaterales menores de 1 cm, que no eran dolorosas. Se realizó una biopsia en la que se apreciaba una epidermis normal, mientras que en la dermis superior se observaba edema y dilatación de vasos linfáticos (fig. 2). En el interior de éstos había células atípicas de aspecto neoplásico, pleomórficas y multinucleadas (fig. 2) de características similares a las del tumor primario (fig. 3). El estudio inmunohistoquímico de ambas muestras mostró positividad para citoqueratina 7 (CK 7), estrógenos y progesterona en el endometrio, mientras que en la piel sólo fue positiva la CK 7. En la tomografía computarizada (TC) toraco-abdomino-pelviana se apreciaba derrame pleural bilateral, con adenopatías preventriculares, así como un aumento del tejido subcutáneo abdominal y ascitis. Los datos de laboratorio mostraron las siguientes alteraciones: aumento de las enzimas de colestasis y del marcador tumoral CA 125-II, 140 U/ml (0-35). Teniendo en cuenta todo lo anterior el diagnóstico fue de metástasis cutánea erisipeloide secundaria al adenocarcinoma de endometrio. Se derivó a la paciente al servicio de oncología donde se reclasificó en estadio IV y se inició quimioterapia con cisplatino y taxol con mala respuesta; falleció a los 8 meses del diagnóstico inicial.

DISCUSIÓN El término metástasis erisipeloide fue propuesto por Rasch en 1931 para describir este tipo de lesiones que

Mujer de 70 años que, en 2006, acudió remitida por su médico por una lesión cutánea abdominal, asintomática, de 2 meses de evolución que no respondía al tratamiento con antibióticos tópicos y sistémicos. No se acompañaba de fiebre ni alteración del estado general. La paciente había sido diagnosticada en el año 2003 de adenocarcinoma endometrioide en estadio IIIa, grado 2, moderadamente diferenciado, tratado con quimioterapia de inducción, con buena respuesta, seguida de histerectomía con doble anexectomía y omentectomía. No se realizó linfadenectomía. Desde entonces permanecía estable en los controles de oncología y ginecología, con normalidad en las pruebas de imagen y de laboratorio, incluidos marcadores tumorales. No se acompañaba de otros síntomas en la anamnesis dirigida por aparatos y sistemas. En la exploración física se apreciaba, en un abdomen distendido, una placa eritematosa, edematosa, caliente al tacto, de bordes serpi-

Correspondencia: Dra. A. Ramírez Santos. Departamento de Dermatología. Facultad de Medicina. San Francisco, s/n. 15782 Santiago de Compostela. A Coruña. España. Correo electrónico: [email protected]

Figura 2. Edema en la dermis papilar con dilatación de los vasos linfáticos que contienen células neoplásicas (HE, ⫻100). Piel. 2008;23(10):547-9

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Figura 3. Histopatología del tumor primario endometrial con células cúbicas, pleomórficas, multinucleadas e hipercromáticas (HE, ⫻250).

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simulan clínicamente procesos infecciosos. Otros nombres que ha recibido son cáncer eritematoso, carcinoma cutáneo metastásico con afectación dérmica linfática y carcinoma inflamatorio; este último es el más utilizado actualmente8,11. Este patrón clínico puede constituir hasta el 4% de las metástasis cutáneas de neoplasias internas12 y se ha observado fundamentalmente en tumores de mama11,13, aunque también se ha descrito en otros, como melanoma12, tiroides14, vejiga15, pulmón16, ovario17, colon18, próstata13, útero19-21 e incluso en tumores primarios de origen desconocido22. Clínicamente estas lesiones son placas eritematosas, edematosas que no siempre son calientes al tacto8. Pueden ser pruriginosas y dolorosas, aunque la mayoría son poco sintomáticas y no se acompañan de fiebre ni de leucocitosis que indiquen infección. Es característica la falta de respuesta al tratamiento antibiótico. La mayoría de los pacientes tienen el antecedente de neoplasia y suele acompañarse de metástasis en otras localizaciones, aunque hay casos en que la lesión cutánea fue el primer signo tumoral13,20. Este tipo de metástasis se observa fundamentalmente en adenocarcinomas, los cuales tienen mayor tendencia a la diseminación linfática, que es el mecanismo etiopatogénico más implicado13. Parece también que algunos procedimientos diagnósticos (paracentesis, laparoscopia23, histeroscopia y toracocentesis) y terapéuticos (laparotomía24, histerectomía y radioterapia) pueden desempeñar algún papel en el desarrollo de estas lesiones, ya que como consecuencia se producirían alteraciones en la microcirculación linfática. Además del tipo de tumor y de factores médicos, también se implican factores propios del paciente24. En el caso de los carcinomas endometriales, aquellos con estadios más avanzados, más indiferenciados, con mayor invasión miometrial y valores elevados de CA 125-II tendrán mayor tendencia a la diseminación cutánea24,25. El hallazgo histopatológico típico es la invasión de los vasos linfáticos dérmicos por las células tumorales13 que son pleomórficas, polinucleadas e hipercromáticas de Piel. 2008;23(10):547-9

aspecto similar a las células del tumor primitivo. El estudio inmunohistoquímico es útil para apoyar el origen de estas metástasis cutáneas, aunque es posible que estas células no expresen los mismos receptores que el tumor primitivo como sucede en el caso expuesto. Esto parece que es más frecuente en neoplasias poco diferenciadas y en tumores tratados con quimioterapia25. El carcinoma inflamatorio metastásico puede confundirse clínicamente con procesos infecciosos, como celulitis, linfangitis y erisipelas, y con otras afecciones cutáneas, como dermatitis alérgicas e irritativas. También se han descrito cuadros erisipeloides tras el tratamiento antitumoral con gemcitabina26. Sin embargo, la falta de respuesta al tratamiento convencional, con antibióticos sistémicos y corticoides tópicos, debe hacer sospechar esta posibilidad, especialmente en pacientes con antecedentes de neoplasia. Se han propuesto diversas opciones terapéuticas para las metástasis cutáneas endometriales. Todas se consideran en estadio IV y el tratamiento es quimioterapia paliativa con carboplatino o cisplatino y paclitaxel27. La radioterapia localizada en el área afectada y la hormonoterapia con acetato de megestrol son otras opciones a considerar de forma única o coadyuvante a la quimioterapia28. Es posible que haya un aumento de la incidencia de metástasis cutáneas de neoplasias viscerales de forma paralela a la incidencia de cáncer en la población; por ello, tanto los médicos generales como los dermatólogos debemos ser conscientes de esta posibilidad ante lesiones con evolución tórpida y más en el caso de pacientes con neoplasias previas. El caso expuesto es particular por el origen primario de la neoplasia ya que, aunque es relativamente frecuente en mujeres maduras, no suele producir metástasis cutáneas y menos de características inflamatorias. BIBLIOGRAFÍA 1. Lookingbill DP, Spangler N, Helm KF. Cutaneous metastases in patients with metastatic carcinoma: a retrospective study of 4020 patients. J Am Acad Dermatol. 1993;29:228-36. 2. Sariya D, Ruth K, Adams-McDonnell R, Cusack C, Wei Xu X, Elenitsas R, et al. Clinicopathologic correlation of cutaneous metastases. Arch Dermatol. 2007; 143:613-20. 3. Brownstein MH, Helwig EB. Patterns of cutaneous metastasis. Arch Dermatol. 1972;105:862-8. 4. Stonard CM, Manek S. Cutaneous metastasis from an endometrial carcinoma: a case history and review of the literature. Histopathology. 2003;43:196-205. 5. Daewood MD, Rosenshein NB, Grumbine FC, Parmley TH. Cutaneous metastasis of endometrial carcinoma. Cancer. 1980;15:1471-5. 6. Baydar M, Dikilitas M, Sevinc A, Senel S, Senel F, Aidogdu I. Cutaneous metastasis of endometrial carcinoma with hemorrhagic nodules and papules. Eur J Gynaecol Oncol. 2005;26:464-5. 7. Elit L, Lukka H, Friedman E. Cutaneous metastasis of papillary serous uterine cancer. Gynecol Oncol. 2001;82:208-11. 8. Pestoni C, Sánchez-Aguilar D, Peteiro-García C. Metástasis cutáneas erisipeloides. Piel. 2004;19:37-41. 9. Kushner DM, Lurain JR, Fu TS, Fishman DA. Endometrial adenocarcinoma metastatic to the scalp: case report and literature review. Gynecol Oncol. 1997;65:530-3. 10. Giardina VN, Morton BF, Potter GK, Mesa-Tejada R, Waterfield WC. Metastatic endometrial adenocarcinoma to the skin of a toe. Am J Dermatopathol. 1996;18:94-8. 11. Tschen EH, Apisarnthanarax P. Inlammatory metastatic carcinoma of the breast. Arch Dermatol. 1981;117:120-1. 12. Flórez A, Sánchez-Aguilar D, Peteiro C, Peñaranda JMS, Toribio J. Inflammatory metastatic melanoma. J Cutan Pathol. 1999;26:105-8.

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